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sábado, 9 de febrero de 2013

A vueltas por el Daire



El Cortijo del Daire en el mismo corazón de Sierra de Almijara, no deja indiferente al visitante; sus ruinas dan muestra de un floreciente pasado favorecido por su situación a cobijo de fríos vientos del NW, la cercana disponibilidad de agua con los caudales permanentes de los arroyos de las Majadillas y Zarzadilla, y la feracidad de los campos que verdean a sus pies.



Con este eje como línea conductora ideamos una ruta que, de forma circular, nos permitiera recorrer los puntos más destacados de sus alrededores. Para ello ascenderemos en dirección N-NW ladeando la loma del Daire hasta alcanzar la vereda de Cómpeta, desde aquí y, tomando dirección E-NE atravesaremos el Collado de los Hornillos, superaremos el Puerto del Daire salvando los Tajos de la Mota hasta casi alcanzar el Collado de La Perdiz, donde cambiaremos a dirección S para cruzar las Crestas de los Civiles y descender hasta el Cortijo del Mirlo, desde donde ya por pista, retornaremos al Cortijo del Daire.


El camino coincide plenamente con la ruta-13 (pg. 196-205) descrita en el libro de Rafael Flores, Sierras Tejeda y Almijara. Guía del Excursionista de Editorial la Serranía.
Pensamos que este recorrido satisface plenamente nuestros deseos de conocer con mayor profundidad estos fascinadores parajes y hacernos una idea del tipo de vida a la que se enfrentaron los habitantes de estos lares, así que seguiremos al pie de la letra el recorrido descrito.



Al Cortijo del Daire se llega bien desde Cómpeta (esta forma de acercarse ya está publicada en el libro anteriormente reseñado) o, como hicimos nosotros, desde Frigiliana, tomando dirección el Acebuchal para, justo antes de iniciar el descenso hasta la aldea, continuar de frente por la pista que atraviesa primero Venta Cebollera, asciende el Puerto de Páez Blanca y arriba hasta el Daire. La pista está en relativamente buen estado aunque sería aconsejable usar un 4x4 para mayor seguridad. Nosotros lo hicimos con un vehículo de los normales sin tener más contratiempos que el de mantener atención al desprendimiento de piedras en la calzada o zanjas producidas por las lluvias.
Para que resulte menos problemática la aproximación desde Frigiliana hasta el Punto de Inicio de la ruta, hemos publicado en wikiloc un track para vehículos. Podéis acceder a él desde <aquí>.



Para el inicio de la ruta tendremos que desplazarnos aproximadamente dos kilómetros más hasta llegar a la zona donde se comienza el sendero. Está en un ancho del camino donde se puede aparcar con comodidad, las coordenadas del aparcamiento son las siguientes: 36º50’58’’ N:3º55’53’’W (898 m).
Desde el mismo inicio ya podemos hacernos una idea del recorrido porque podemos observar la mayor parte de los accidentes geográficos que pretendemos alcanzar.



Con buen ánimo nos hacemos al paso, es un día soleado, bastante ventoso y algo frío. Comenzamos ascendiendo la vertiente occidental de la Loma del Daire en dirección N por una vereda bien señalizada y bastante marcada, al principio entre un amplio y claro romeral que, después de torcer en dirección NW, desemboca en una pequeña zona de pinar para a continuación, atravesar una molesta área de grandes aulagas que ralentizan el paso. Un poco más arriba el camino comienza a descender de forma ligera hasta llegar al pedregoso lecho del arroyo de los Pradillos al que cruzamos sin contratiempo ascendiendo por la otra vertiente, el talud del barranco, hasta acceder a la vereda de Cómpeta (36º51’41’’N:3º55’45’’W - 1.075 m).



Desde este punto vemos por nuestra izquierda la Venta Cándido en el camino de Cómpeta. Nosotros tomamos dirección contraria por la cómoda vereda que, en esta parte del trayecto coincide con el GR-242. Caminamos un corto trayecto en dirección N hasta encontrar una bifurcación (36º51’58’’N:3º55’41’’W – 1.150 m) donde torceremos dirección NE caminando



otro pequeño tramo por el pedregoso lecho de un estrecho cauce hasta alcanzar la cómoda vereda que asciende hasta Puerto Blanquillo. En este punto tomaremos dirección E, dejando a nuestra espalda Puerto Blanquillo. La senda es amplia y cómoda, andamos cobijados del frío viento del NW y  protegidos por las quebradas crestas de las Lomas de la Mota. El camino se hace agradable, escoltados por un claro pinar donde vemos muchos restos de las antiguas vasijas usadas en la resinación de estos grandes pinos rodenos.



Pronto alcanzamos el Collado de los Hornillos (36º51’48’’N:3º55’28’’W – 1.204 m). Paramos unos instantes para disfrutar del paisaje; sobre todo llaman nuestra atención las altas y peladas lomas del Cerro de la Chapa, que asoman por el NW. Hacemos las pertinentes



fotos y seguimos con prontitud. Continuamos dirección E con la vista puesta en el cercano Puerto del Daire. Primero descendemos con cuidado entre la pedregosa vereda hasta llegar a un cruce donde tomaremos por nuestra izquierda (dirección NE) pasando primero por una zona más llana y bastante deforestada con los síntomas de antiguos incendios, donde cruzamos el barranco para después afrontar en un empinado zig-zag la subida al puerto.



Estamos en el Puerto del Daire (36º51’49’’N:3º54’41’’W – 1.343 m); las vistas son magníficas, con las impresionantes pirámides pétreas del Cerro de los Mosquitos y el Lucero hacia el NE y las escarpaduras dolomíticas del Cerro de la Mota por el N, pero la intensidad del gélido viento hace que nos apresuremos a seguir. Desde aquí el sendero continúa en un continuo sube y baja trasegando por los impresionantes Tajos de La Mota hasta casi alcanzar el Collado de la Perdiz en la confluencia de la subida al Lucero.



A los mismo pies del Collado tomaremos dirección sur para encaminarnos hacía las Crestas de los Civiles. El viento continúa azotándonos sin piedad y, en algunos tramos de paso más aéreo, nos obliga a extremar las precauciones. Transitamos por un sendero bastante dañado, estrecho y con mucho vaivén, sin embargo el pinar que nos acompaña es magnífico, grandes árboles de rojizo tronco crecen increíblemente en estos escarpados



cerros. El atravesar estos crestones con tanto viento se convierte en una acción que requiere toda nuestra atención y pericia. El paisaje se vuelve sublime, por el oriente destaca la dual figura del Cisne con su Maceta, la redondeada cima del Cielo y la majestuosa Navachica. Al fondo las nieves de Sierra Nevada atraen nuestra mirada. Por el poniente la barrera formada por los Cerros Verde, Atalaya y Gavilán conforman una briosa muralla natural.


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El viento no nos da tregua hasta que finalmente acometemos el descenso hacía el Cortijo del Mirlo, el cual divisamos al pie del barranco y cerca del arroyo de la Zarzadilla. Hacemos el vertiginoso descenso con cuidado hasta acceder al citado Cortijo del Mirlo (36º51’11’’N:3º54’42’’W – 912 m).


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Ahora, al abrigo de los altos farallones, descendemos más cómodos. Como ya conocemos esta zona, bajamos rápidamente hasta el camino, saltando entre las rocas para vadear el arroyo y con rapidez llegamos al Cortijo del Daire (36º51’17’’N:3º55’04’’W – 878 m).



Sólo nos queda recorrer un último tramo de pista hasta volver al vehículo. Mientras caminamos en animada charla, vamos volviendo la vista hacia el Daire, con la luz más oblicua de la tarde, que alarga las sombras y contornea el paisaje, nuestra imaginación vaga hacía esos antiguos pobladores cuyos vestigios quedan entremezclados con los derruidos muros, los abancalados cerros plantados de viejos olivos, ahora muy descuidados, pero que guardan esa parte de la historia de este rincón de nuestra querida Almijara.


Los datos finales para los amantes de las estadísticas son como siguen:

Distancia total recorrida: 12,29 km
Tiempo total empleado: 06:30 horas (04:21 h en movimiento y 02:09 h parados)
Desnivel total acumulado: 1.318 m
Velocidad media en movimiento: 2,8 km/h


Esta ruta la realizamos el 4 de febrero de 2013, en un día soleado pero con fuerte viento del NW que nos dejaba helados los cuerpos por momentos.

También podéis bajar la ruta para GPS desde <aquí>

Textos y Fotografías Arielle & Enric

viernes, 2 de marzo de 2012

La Cueva del Agua



 
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Hace unas semanas, comentando con gente del Club de Montaña “Elimán” de Frigiliana la dificultad de hacer una travesía de varios días por la Sierra de Almijara por la escasez de lugares donde abastecerse de agua, nos comentaron que cerca de Los Tajos del Sol existe una pequeña oquedad con agua todo el año, donde poder abastecerse en momentos de apuro. ¡Había que investigarlo! Así que el 28 de febrero, día de Andalucía, salimos  con el objetivo de hallar la Cueva del agua.

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Queríamos dejar el coche en “El Pinarillo” pero el carril está en bastante mal estado y cuando, a 1 km más o menos después de haber pasado La Cueva de Nerja, el coche se cala por tercera vez dijo Arielle; “Se acabó, nos vamos andando” (esto nos añade unos cuantos kilómetros de más al recorrido).


Como casi siempre llegamos más tarde de lo previsto, dejamos el coche en el lateral de la pista y empezamos a caminar disfrutando del frescor de la mañana. Ambos hemos cogido la costumbre de “volar” literalmente hablando cuando vamos por pistas, máxime cuando el lugar lo conocemos de sobra, así que en un abrir y cerrar de ojos recorremos los casi 4 km que nos separan de “El Pinarillo”. La humedad ambiental en este cerrado día nos está


haciendo sudar más de lo previsto. Tras una breve parada para adecuar nuestra vestimenta al plomizo día continuamos hacia la Fuente del Esparto. Pronto empieza a engullirnos una


densa y espesa niebla. La larga subida hacía el Collado de la Puerta, la hacemos envueltos


entre oscuras nubes, mucha humedad y poca visibilidad. La velocidad con la que subimos,


hace que sudemos la gota gorda. Al llegar al Collado de la Terriza, la niebla parece estar


perdiendo poco a poco la batalla contra los rayos de sol. A pesar de ello todavía estamos en medio de la “nada”, ni siquiera el profundo Barranco de Cazadores se divisa a nuestros pies. Ascendemos hasta el Collado de La Puerta entre procesiones de viajeras nubes. En el

 
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mismo collado paramos para tomar algo, llevamos ya casi 9 kilómetros a buen paso. Desde


aquí deberíamos ver la imponente pirámide pétrea de la Torre del Almendrón justo delante nuestro, pero un tupido manto blanco cubre todo el horizonte. De pronto y ante nuestros

 
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ojos, en un claro entre tinieblas, aparecen las cimas del Almendrín y el Almendrón en toda su grandiosidad.


Tras tomar unos frutos secos y aprovechar para inmortalizar efímeros momentos (nunca habíamos visto este espectacular juego de los rayos del sol con la niebla) seguimos. Según


vamos subiendo, la niebla va quedando por debajo y vemos todo el barranco de Cazadores relleno con un mar de nubes.


Traspasamos el Almendrón, bajamos al Collado de la Mina de la Buena Fe y empezamos a

 
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ascender hacia el Nido de Buitre. Cerca de su cumbre ya tenemos una visión completa de

 
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los Tajos del Sol. A nuestro frente vemos el largo muro pétreo donde nos han indicado que está la cueva y con los prismáticos oteamos la ladera en busca de un indicio de abertura.


Podemos distinguir claramente una mancha negra que podría ser una cueva, justamente delante de nosotros, parece que está a la misma altura a que nos encontramos (1.560 m) y decidimos ir a investigar. Desde aquí ya no hay sendero evidente, tendremos que ir por intuición salvando la espesa vegetación y los desniveles; nos separamos y cada uno intenta seguir su instinto para llegar a donde adivinamos que puede estar. A veces, las encinas impiden el paso y hay que rodearlas, otras veces sorteamos pasos muy inclinados de incómodas piedras sueltas, pero llegamos sin problema. Estábamos en lo cierto; lo que


divisamos desde lo lejos es la cueva que estamos buscando. La entrada no es muy grande y enseguida se inclina hacía abajo unos dos metros, hay que entrar casi a rastras. Hemos


traído un frontal pero, al estar la superficie acuosa completamente quieta y transparente, no vemos el agua hasta que casi nos caemos dentro. Pero si, allí está, un abrevadero de transparente y pura agua en el interior de un recoveco rocoso. Aunque siempre va a coger a trasmano de cualquier sendero, en un apuro puede venir bien saber de su existencia y ubicación.


Desde la misma entrada de la cueva y un poco por abajo, hemos visto algo que se parecía a una construcción. Decidimos ir a comprobarlo. Efectivamente es una pequeña edificación rectangular construida aprovechando un saliente en la pared. Está formada por tres gruesos muros de piedras en escalera que se apoyan sobre la roca madre, más bien parece un lugar donde pernoctar. ¿Será la “Mina de la Cruz” que sale en nuestro mapa a unos 200 metros de aquí? No tenemos ni idea lo que puede ser ni para lo que servía. Especulamos que fuera el lugar donde descansaban los trabajadores de la Mina y, siguiendo las indicaciones de


nuestro mapa, procedemos a la búsqueda de la dichosa mina. No la encontramos aunque está indicada en el mapa, así que decidimos dar por finalizada esta pequeña investigación (el tiempo se nos echa encima), al menos con la satisfacción de haber encontrado el agua.


Emprendemos el regreso bajando por la empinada torrentera que constituye el Barranco de la Charca. Destrepamos con mucho cuidado por entre grandes rocas y piedras sueltas. La inclinación del barranco hace que en poco recorrido bajemos muchos metros. Pronto

 
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desembocamos en el Barranco de Cazadores donde nos vuelve a recibir la densa niebla que

 
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no se ha disipado en todo el día. El resto del camino de vuelta nos es de sobra conocido así que, sin apenas parar, volvemos hasta el Pinarillo por la vereda de las Minas, atravesando


las húmedas nubes que cubren el escarpado barranco. Ya en la pista volvemos a “volar” a un ritmo muy ligero. Entre el cielo cubierto y la llegada de la noche la luz pierde intensidad y llegamos hasta el vehículo casi a oscuras entre charlas de nuevas excursiones.

 
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Texto y Fotografías: Arielle & Enric
Podéis bajar la ruta para gps en el siguiente enlace:

Por unos errores técnicos no disponemos de muchos de los datos que habitualmente facilitamos sobre el recorrido de la ruta, aunque los más relevante si os lo podemos facilitar:
Distancia total recorrida: 21,84 km
Desnivel positivo: 1.576 m
El tiempo empleado fue de unas nueve horas aproximadamente.



domingo, 19 de febrero de 2012

Lucero Extreme


La piramidal forma del Lucero se alza frente a nosotros bajo el traslúcido cielo azul, su


abrupta y empinada vertiente oriental nos fascina. Nos miramos sin decir nada aunque


ambos pensamos lo mismo. Sin senderos evidentes y con esa pátina de agreste aspereza embriaga nuestra imaginación. Hace ya tiempo que deseamos abordar por esta falda la ascensión a su cumbre. Estudiando los mapas diseñamos un itinerario que satisfaga esta aspiración y además, que nos sea suficientemente seductor. Como siempre será otro alpargatazo, se está convirtiendo ya en nuestro sello.
La ruta parte desde el Acebuchal (490 m), pasamos por la Venta de Jaro o de Cebollero (610 m), atravesamos el Barranco del Mármol para ascender hasta el Collado Blanquilla (820 m) y desde aquí por la pista alcanzar Venta Panaderos (885 m). Torcemos al norte para ladear la Venta de las Angustias (1.185 m) y alcanzar el Puerto de Frigiliana (1.245 m). Continuamos por un tramo del sendero de los Resineros para ascender la ansiada vertiente oriental del Lucero (1.774 m).


 
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El descenso lo realizaremos buscando el Coladero de Los Mosquitos (1.635 m) y Puerto Llano (1.550 m) para girar en dirección sur donde, después de crestear por los espléndidos Tajos de los Civiles (1.401 m), descender a través del Collado de los Civiles (1.280 m) hasta el Cortijo del Mirlo (900 m). Desde aquí, por la pista, bajaremos hasta el Collado de Páez Blanca (750 m) y cerramos el círculo volviendo al Acebuchal (490 m).



Es sábado, una agradable mañana de febrero de 2012. El día nos recibe con un ligero viento de poniente sin demasiados fríos. La esperanza de que el tiempo nos regale un radiante día nos alienta a ponernos en camino.


 
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Como siempre llegamos más tarde de lo esperado al punto de salida. El cómo llegar hasta el lugar del Acebuchal lo hemos descrito en varias ocasiones, podéis consultar cualesquiera de esos relatos.
Aparcamos el coche junto al barranco del Acebuchal, la umbría del lugar favorece que empecemos con más fresco del deseado (490 m – 00,00 km – 09:20 h – 00:00 h). Esta primera parte del trayecto la conocemos de sobra por lo que caminamos con rapidez por el frondoso lecho de un arroyo que rara vez hemos visto con agua. También en esta ocasión está seco, al igual que toda la montaña; está como pidiendo lluvia a gritos.  Pronto accedemos a la Venta de Jaro o de Cebollero (610 m – 01,29 km – 09:38 h – 00:18 h). Unas




nubes lenticulares cubren el incipiente sol. Tras el barranco del Mármol alcanzamos el Collado Blanquilla (820 m – 03,60 km – 10:10 h – 00:50 h), por el tiempo empleado vemos que hemos subido como posesos, para entrar en calor. Las dichosas nubes siguen impidiendo el paso a los reconfortantes rayos del sol. Al atravesar el collado tenemos a la


 
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vista las magníficas estampas del Cerro de Venta Panaderos (1.687 m) y el Lucero (1.774 m). Marchamos rápidos por la pista al tiempo que desaparecen definitivamente las nubes y el calor del sol templa los cuerpos. Al poco de llegar a la base de Venta Panaderos (885 m – 06,44 km – 10:55 h – 01:35 h) se levanta un suave viento de NW, presagio de peores ráfagas hacia lo alto. Hacemos una primera parada junto al lecho del Arroyo del Caracolillo. Tomamos algo de fruta mientras comentamos la siguiente parte del trayecto.


 
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Sin más pausa, proseguimos. Después de un corto tramo por la pista, giramos dirección NE por el sendero del Puerto de Frigiliana. La vereda se eleva con rapidez ladeando




diagonalmente la boscosa ladera, otro giro y coronamos un collado entre un pasillo de verticales paredes calcáreas como talladas a pico. Esta zona es conocida como Los Arrastraderos. De un salto cruzamos el barranco de las Angustias, doblamos bruscamente a poniente para, por entre un descarnado barranco, acceder hasta la derruida Venta de las




Angustias. Un falso llano y una última subida y ya estamos en el Puerto de Frigiliana (1.245 m – 09,04 km – 12:05 h – 02:45 h). Este altozano de grandiosas vistas nos recibe con un frío


 
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viento ennortado que hace que arrebujemos nuestros cuerpos con más ropa. Después de las




pertinentes fotos partimos, el uno detrás del otro por el sendero de los resineros hasta




llegar a la base de la vertiente oriental del Lucero. Imponente estampa tenemos a nuestro frente. Volvemos a mirarnos; ¡a por él con decisión!



Dejamos el sendero para empezar a trepar por la ladera. Con intuición, buscando los pasos más claros de vegetación, subimos diagonalmente hasta acometer el pedregoso lecho de un




barranco que aparece por nuestra derecha. La inclinación supera por momentos el 50% y se hace penoso el andar. Alcanzamos una pedrera cerca de los últimos contrafuertes.




Procuramos andar juntos, oteamos, estudiamos y decidimos por donde seguir. La ladera se resiste a veces, nos tira piedras pero logramos esquivarlas bien. Con tiento pero también firmeza vamos subiendo y alcanzamos la última parte por el pedregoso lecho de una torrentera. Ascendemos pegados por el lateral de una escarpada pared, avanzando con




dificultad por piedras y más piedras; todas sueltas y muchas rodando, poniendo en peligro




el segundo de la “cordada”. Sin previo aviso llegamos a la cumbre; lo hicimos, se puede


 
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hacer, es dura esta subida y no exenta de peligro, pero posible. Estamos en la cima del





Lucero (1.774 m – 10,97 km – 14:05 – 04:45 h). Hemos tardado unas dos horas en recorrer este escaso kilómetro y medio que separa el Puerto de Frigiliana de la cima del Lucero. El




gélido viento hace que nos refugiemos entre las paredes del derruido cuartel. Cuando queremos abrigarnos Arielle se da cuenta de que ha perdido su forro en la subida, ¡que contrariedad! No vamos a retornar a buscarlo, aunque enseguida estamos maquinado volver la semana que viene a buscar la chaqueta. ¿Acaso alguien, en la próxima semana, va a subir por semejante ladera empinada?



 La vertiente norte aparece congelada. La helada nieve salpica aquí y allá los claros del matorral. 
Después de tomarnos un bocata descendemos por el sendero habitual. Desde arriba vemos




que una parte importante de la vereda está cubierta de una placa de hielo y un grupito de gente pasándolo mal al pasar. ¡Habrá que tomar precauciones! En nada de tiempo pasamos




junto al Coladero de los Mosquitos y alcanzamos la parte helada. Con mucha cautela y asegurando los pasos recorremos esta parte del sendero y sin contratiempos llegamos hasta el gran collado de Puerto Llano. Por este abierto collado se cuela un gélido viento a pesar del agradable sol del atardecer. Tomamos dirección sur sin sendero evidente y con la vista




puesta en la vereda que asoma unos cien metros más abajo. Descendemos a ojo por entre




blancas torrenteras que la erosión causa sobre este blando substrato dolomítico. Una vez en la senda, la continuamos en dirección sur. Este sendero resulta muy evidente y no tiene




pérdida. El derrotero que sigue es un constante subir y bajar. El trazado sigue una línea de




cumbres conocidas como Tajos o Crestas de los Civiles. Las vistas son magníficas a ambos lados. Por poniente el Arroyo del Mirlo nos separa del cercano Tajo de la cueva del Daire y los Tajos de la Mata, por estas laderas cubiertas de un frondoso pinar vemos como


 
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zigzaguea un sendero. Hacia levante, el Arroyo Bartolo separa estas crestas del empinado Cerro de Venta Panaderos, vemos el cerro de El Cisne y hacia el horizonte destaca la cadena de la Navachica y los Pelaos con el alto del Cielo por el SE. Continuamos con un




constante ascender – descender. Al coronar un último colladillo ya vemos cercano el Collado de los Civiles (1.281 m – 13,79 km – 16:21 h – 07:01 h). Desde aquí el camino


 
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desciende bruscamente en dirección SW. Nuestra posición a sotavento hace que esta parte del recorrido sea bastante cálida, la soleada tarde templa el ambiente. Nos quitamos ropa mientras vamos bajando esta abrupta ladera. En el fondo discurre el arroyo del Mirlo.




Finalmente alcanzamos el destrozado Cortijo del Mirlo, (905 m – 15,38 km – 17:00 h – 07:40 h), cubierto de matorral y casi desaparecido, engullido por la pujante vegetación.




Un poco más abajo alcanzamos la pista. Tenemos a tiro de piedra el Cortijo del Daire por poniente, pero la inminente llegada de la noche nos hace desistir de la idea de una visita,




lo dejaremos para otra ocasión. Marchamos rápido por este amplio camino. Por nuestra derecha fluyen las aguas del arroyo del Barranco Moreno. Tras una pronunciada curva del camino llegamos hasta el cruce de Puerto Páez Blanca (750 m – 19,77 km – 18:01 h – 08:41 h). El trayecto gira a levante dejando a nuestro frente la cumbre de El Fuerte. Con otro




pronunciado descenso dejamos atrás la Venta Cebollera y cerramos el círculo por el barranco del Acebuchal hasta la misma entrada de la aldea donde dejamos esta mañana nuestro vehículo (490 m – 22,87 km – 18:40 h – 09:22 h).



Tras más de nueve horas transitando por esta solitaria y agreste parte de la Almijara, no dejamos de admirar su extraordinaria hermosura. Reconocemos cada vez más su valor paisajístico y el esfuerzo que supone recorrer sus abruptos senderos siempre nos trae a la




mente las viejas historias de aquellos pobladores cuya dura vida  transcurrió por estos parajes. Suponemos que todos ellos llegaron a amar (cada uno a su modo) esta ruda tierra de abruptos escarpes, piedras y más piedras y duras rocas pero de una belleza abrumadora.


Los datos finales son como siguen:
Distancia total recorrida: 22,87 km
Tiempo total empleado: 09:22 h
Tiempo en movimiento: 06:42 h
Tiempo parados: 02:40 h
Velocidad media en movimiento: 3,4 km/h
Desnivel total acumulado: 1.602 m

Podéis bajaros esta ruta para GPS en la siguiente dirección de wikiloc:
Texto y fotografías: Arielle & Enric