Mostrando entradas con la etiqueta Marruecos - Alto Atlas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marruecos - Alto Atlas. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de abril de 2012

Djebel Toubkal (Parte VI)


Caminando por el Alto Atlas. El Toubkal
El trekking: Refugio Mouflons – El Toubkal – Imlil (Parte VI)



La noche me resulta muy larga al habernos acostado tan temprano, aunque nos tenemos que levantar a las 4 de la madrugada. Duermo mal, sólo a ratos, cuando el cansancio de la dura etapa del ajetreado día anterior me hacen sucumbir al sueño. En uno de estos intervalos me despierto con una leve sensación de náusea. A mi lado oigo la respiración desigual de Enric, sabiéndole despierto. Varios compañeros, entre ellos Enric, se han puesto malos; unos con fuertes diarreas y vómitos, otros con grandes molestias de gases. Posteriormente Lina nos contó que todos estos inconvenientes son generados por la altura. Espero no caer también. Mentalmente repaso el camino a los servicios por si acaso.

De vez en cuando miro el reloj. Con exasperante lentitud se mueve la manecilla hacía el 4. Me produce gran alivio oír finalmente los pitidos de algún reloj, anunciando la ansiada hora. De pronto me siento rebosante de energía, sin resquicio de malestar o náuseas.
En un banco del rellano desplegamos el contenido imprescindible para nuestras mochilas, desechando todo lo demás a los bolsos de viaje que serán llevados por las mulas a Imlil, donde tendremos que llegar por la tarde si todo va según lo previsto, sin contratiempos ni percances.


Ha estado nevando toda la noche aunque ahora sólo sopla una fuerte ventisca; las ráfagas de viento levantan la nieve, apilándola contra todos los obstáculos en su camino.
Aunque físicamente me encuentro pletórica de energía para comerme los mil y picos metros de altura restantes a bocados si hace falta, ante el fuerte vendaval que incrementa aún más si cabe la sensación de frío intenso, me asaltan las dudas sobre mi equipo. Mis botas y calcetines son muy buenos pero... ¿Estaré suficientemente abrigada con mi vieja chaqueta de goretex y mis guantes de ski normalitos? De por sí, en mi cálido Motril subtropical soy friolera… Mi “yo”  soso, un poco aburrido, apocado y conservador emprende una ardua lucha contra mi “yo” atrevido, explorador, intrépido e incluso temerario para poder quedarme aquí, bajo la protección de este refugio, renunciar a la cima e ir más tarde con las mulas a Imlil. Sale victorioso, como no podía ser de otro modo, mi espíritu aventurero, disipándose las dudas ante la perspectiva de lograr el objetivo que nos trajo aquí. Aliviada tras haber tomado una decisión, bajo a saltos las escaleras y me dirijo radiante al salón de la chimenea donde se encuentra explayado de nuevo ese magnífico desayuno de los días anteriores. Nuestros cuidadores no han hecho café, seguramente por la hora intempestiva, pero hay agua caliente y café de sobre. No hay rastro de mi malestar de hace un rato; tengo hambre y me preparo varias tostadas con mantequilla y mermelada; me vendrán bien los hidratos de carbono. También me tomo 2 cafés grandes que me saben a gloria. Observo mis compañeros de fatiga; unos en animada conversación, otros en silencio, con semblante pensativo. ¿Están simplemente cansados por la hora tan temprana o pasarán por sus cabezas las mismas dudas que yo he vencido hace sólo un instante? Intentando alargar este momento de tranquilidad me preparo otra tostada. Hace un rato ya que atravesé el punto de no retorno así que cuando poco a poco todos se levantan, me levanto con ellos, totalmente dispuesta a prepararme para salir al gélido exterior y culminar nuestro propósito.


¡Es la hora! Según nos vamos acercando a la antesala, la temperatura cae en picado. Al lado de la contrapuerta nos ponemos los crampones y finalmente salimos al exterior donde el frío me recibe con una bofetada en la cara. Salvo algunos frontales, estamos completamente a oscuras. No logro ver si hay nubes en el cielo.  Tenemos que esperar un poco a que todo el grupo esté listo para emprender la marcha. Es en este pequeño intervalo que en el horizonte empezamos a vislumbrar una tenue neblina que nos anuncia el nuevo día. Nuestro guía Mohamed se pone al frente y finalmente el grupo se pone en movimiento. Desde la misma puerta del refugio hay muchísima nieve. Y viento. Y frío. Sobre todo frío...


Con pisada firme Mohamed va abriendo huella. La intensa nevada que ha durado toda la noche ha cubierto todo con un grueso manto de nieve en polvo. Según vamos subiendo por la ladera el cielo va clareando y sale el sol, aunque nosotros nos hallamos en la sombra. Permaneceremos en la sombra hasta cerca de la cima. Al poco de salir del refugio mi cámara se ha congelado y no puedo sacar fotos.


En grandes zigzags vamos ganando altura. El viento arrecia más y más, levantando y

 
clicar sobre esta imagen para verla ampliada

lanzando la nieve como perdigones en mi cara. Busco la capucha en el dobladillo del cuello de la chaqueta, pero no está. Vaya fallo... Siento el frío en la cabeza como una presión


fuerte y continua. En un momento dado, Emilio adelanta a Mohamed, el guía, y va ganando altura muy rápidamente. Mohamed incrementa la velocidad para volverse a poner delante. Este cambio hace que se van abriendo grandes claros entre los componentes del grupo. Yo, al tener toda mi confianza depositada en el guía, me pego a él y vamos subiendo a un ritmo endiablado. La subida no es difícil, aunque hay mucha nieve y nos hundimos en ella, a


veces hasta las rodillas o incluso las caderas. En las rampas finales pasamos algunos tramos con gran inclinación donde echo mucho de menos un piolet; un descuido y la caída


podría ser fatal. Al final de este tramo y, tras doblar unos riscos, salimos a una larga llanada algo inclinada en cuyo fondo vemos la inequívoca silueta del hito metálico de la ansiada cumbre del Toubkal.


Los últimos metros casi vamos corriendo. A mi lado aparece Enric, que se había quedado atrás, y juntos alcanzamos la cima. Nos besamos y nos felicitamos. Menos mal que hay cámaras que siguen funcionando, para registrar el logro.

 
clicar sobre esta imagen para verla ampliada

Como hemos subido con gran rapidez, ahora toca esperar a los últimos del grupo, que han subido a un ritmo más sensato. La ventisca se me hace insoportable y estoy helada. La

 
clicar sobre esta imagen para verla ampliada

espera en la cima parece eternizarse y, espoleada por el frío, voy corriendo de un lado para otro, dando saltos y botes. Cuando creo que ya no puedo más, tras unos 50 minutos de espera, llega el resto; sacamos la foto de grupo y emprendemos el largo camino de bajada hasta Imlil.

 
clicar sobre esta imagen para verla ampliada

Tras unos primeros riscos empinadísimos, ahora a sotavento, la ventisca amaina y llegamos por el Collado Norte a un inmenso circo que los guías llaman “Le Plateau”, con bajadas más


suaves y una albura que duele a la vista. Poco a poco voy entrando en calor. De vez en cuando hacemos paradas para reagruparnos. Todo lo que nos rodea desde que salimos del


refugio está cubierto de nieve virgen y me siento como exploradora en terreno jamás visto ni pisado por el hombre. Disfruto mucho con esta larga bajada que recorremos plácidamente

 
clicar sobre esta imagen para verla ampliada

por un manto de nieve que siempre nos llega a las rodillas, resulta muy agradable esta nieve polvo, fácil de andar por estar suelta como el azúcar.


Cuando alcanzamos el río Assif n’Isougouane, a unos 2650 metros de altura, lo cruzamos saltando entre grandes rocas. Ya en la otra ribera aprovechamos para quitarnos los crampones y alcanzar, un poco más arriba, la vereda que une el refugio de Mouflons con Imlil, que seguiremos de aquí en adelante hasta el final de la ruta.


Esta vereda está hoy muy transitada, nos cruzamos con varios grupos que suben hasta Mouflons mientras nosotros vamos descendiendo silenciosamente, seguramente el cansancio empieza a pasarnos factura. Tras caminar un rato llegamos a un recodo en la vereda donde hay unas construcciones con mesas y sillas y nuestros cocineros y muleros


nos reciben con té calentito y donde nos prepararán la comida. No nos podemos demorar

 
clicar sobre esta imagen para verla ampliada

mucho ya que nos espera un largísimo camino hasta Imlil, donde llegamos sobre las tres de


la tarde, cansados pero muy satisfechos y contentos, con maravillosos recuerdos de los


paisajes sublimes que hemos podido contemplar, de los compañeros maravillosos que hemos conocido, de nuestro guía Mohamed y nuestros cuidadores bereberes que nos han

 
clicar sobre esta imagen para verla ampliada

mimado y agasajado en sitios casi imposibles y como siempre cuando el lugar nos ha encantado nos decimos Enric y yo “aquí tenemos que volver...”.

 
clicar sobre esta imagen para verla ampliada

Texto: Arielle
Fotografías: Arielle & Enric, excepto en las que se indica el autor.

jueves, 26 de abril de 2012

Djebel Toubkal (Parte V)


Caminando por el Alto Atlas. El Toubkal
 El Trekking: Refugio de la Tazarhart - Refugio de Mouflons (Parte V)





Refugio de la Tazarhart o Lepiney (3.000 m):
Nos despertamos suavemente casi todos al mismo tiempo. Las tímidas voces de los más madrugadores nos sacan apaciblemente del dulce sueño. A pesar de haber estado toda la tarde y noche nevando intermitentemente, no hemos pasado nada de frío. Nuevamente




agradecemos a nuestra intuición (y el “soplo” de nuestra amiga Juana) el haber traído los sacos de invierno. Algunos compañeros, llevados por los erróneos consejos de la agencia, trajeron sacos más veraniegos y sienten más el frío. Intentan combatirlo con más ropa. ¡Es
la montaña!, hay que adaptarse lo mejor posible. Por la noche hemos oído a algunos bajar al “servicio”, fuera del refugio, en medio de la tormenta de nieve... Así que también agradecemos a nuestras vejigas que no nos hayan importunado.



Bajamos al desayuno ordenada y rápidamente. Al salir encontramos un majestuoso día despejado. Después de varias jornadas, ¡por fin!, luce un sol esplendoroso. El cielo está radiantemente azul, refulgen los blancos y brillan los azules. Las nubes están mucho más lejos. Los beréberes nos dicen que en Marrakech está lloviendo a cántaros, lo cual no es de extrañar ya que hacia el NW hay una enorme cantidad de negras nubes, aunque están muy por debajo de nuestra altura.



Intentamos atender a nuestras necesidades fisiológicas acercándonos hasta ese agujero al que llaman aseo y, ¡oh sorpresa!, al abrir la puerta vemos que está cubierto de nieve, además el agua no funciona porque la pasada noche se congelaron las tuberías y está desconectada. Bueno, nos apañamos de cualquier modo, disfrutando mientras tanto del sublime paisaje que nos rodea.



Este refugio de Lepiney está enclavado en la parte oriental del circo que forma el Assif n’Ouarzane. Es una especie de nido de águilas desde donde observar las imponentes moles del Biiguinnoussene (4.002 m) hacia el SE, el Afella (4.043 m) hacia el S, el Talat n’Ifri (3.980 m) hacia el SW y el Tsoukine (3.325 m) por el W. El circo se abre hacia el N-NW por donde descabalgan las tintineantes aguas del Ouarzane. Entre el Afella y el Talat n’Ifri




se descuelga una larga cascada que luce a primeras horas de la mañana congelada. Resulta abrumadora la grandiosidad de esta catedral pétrea. La plasticidad que ofrece el lugar cubierto de nieve y hielo deja boquiabierto a cualquier espectador y así nos sentimos, empequeñecidos ante estas colosales moles pétreas ahora cubiertas de un manto blanco. El lugar emana una fortaleza sin parangón, sin duda una buena elección para una parada por estas montañas.



El desayuno, de nuevo, magnífico; nuestros cocineros nos han vuelto a preparar una mesa espectacular, siendo el sitio que es y habiendo tenido que portear todo a hombros hasta aquí, resulta casi opulento. Como el día anterior hay café y té caliente, zumos, leche, galletas, pan, mantequilla, mermelada... Algo sorprendente y que cataloga la responsabilidad y el trabajo de esta gente volcada en atendernos de forma que no nos falte ni nos pase nada. Poco a poco están dejando una honda huella en todos nosotros.



Con rapidez reemprendemos la marcha, aunque el día aparece claro, no nos podemos fiar, ya que tenemos que remontar un paso cercano a los 3.600 m y queremos hacerlo cuanto antes.



Partimos dirección N-NW desandando parte del sendero que ascendimos ayer. Al poco, en un cruce giramos dirección N-NE rodeando las laderas del Adad (3.616 m). La nevada del




día anterior ha dejado un grosor de entre 30 - 50 cm. Las viejas sabinas están ocultas tras




una gruesa capa nívea. El manto blanco lo ocupa todo, recordándome nuevamente a ese mar de olas congeladas. Disfrutamos como verdaderos exploradores mientras ascendemos




estas nevadas lomas vírgenes de pisadas, la soledad del lugar ayuda a ello. Las cámaras echan humo, el encanto del contraste blanco-azul, nieve-cielo y el marrón de algunas rocas asomadas ofrece escenas a diestro y siniestro. Donde miramos encontramos esa imagen,




ese cuadro que nos obliga constantemente a disparar; queremos guardar para siempre estas sensaciones aunque sea enlatadas en forma digital. Los recuerdos son tan


 
clicar sobre esta imagen para verla ampliada


intangibles y la mente es tan volátil que casi es la única forma de recordar con certeza.


 
clicar sobre esta imagen para verla ampliada



 
clicar sobre esta imagen para verla ampliada


Después de una corta subida alcanzamos la vertiente occidental de el Adad. Delante tenemos el espectacular zig-zag que constituye la subida por el canchal de Tinguinuria, una


 
clicar sobre esta imagen para verla ampliada


verdadera “pala” bastante inclinada y que asciende nada menos que 500 m de golpe.








Primero nos enfrentamos al paso del riachuelo Assif n’Timellite, es fácil y está casi cubierto




 por la nieve. Al pie del canchal nos detenemos para agrupar a la gente. Tomamos unos




dátiles para acometer la larga subida. Al mismo tiempo que vamos ascendiendo, las lejanas nubes se han ido acercando, una tenue niebla empieza a envolvernos. Poco a poco la




bruma se espesa hasta ocultar el sol. Una nueva estampa se presenta. Una ligera brisa y un cielo cada vez más oscuro nos va cubriendo. La sensación de frío se intensifica. Seguimos en fila india hacia arriba, estirándose la hilera poco a poco, adecuándose cada uno a su paso, hasta abrir grandes claros entre unos y otros. El último largo hasta alcanzar el collado


 
clicar sobre esta imagen para verla ampliada


lo tenemos que cubrir con los crampones. Hay algunos pasos algo aéreos que acongojan el espíritu y nos hace tomar las justas precauciones. Finalmente alcanzamos el collado de




Aguelzim (3.600 m). Algunos de los compañeros vienen algo retrasados y mientras el grupo espera su llegada unos cuantos aprovechamos para subir la cercana cumbre de Buidoudam (3.680 m). Sin mochilas corremos entre sus laderas culminales al tiempo que comienza a nevar. Bajamos casi tan rápido como subimos y juntos ya todo el grupo, después de haber recobrado fuerzas mediante unos bocadillos, empezamos el descenso hasta el refugio de Mouflons.


 
clicar sobre esta imagen para verla ampliada

La primera parte del descenso sortea la ladera norte del Adrar Aguelzim. La capa de nieve es muy gruesa, casi a cada paso nos hundimos hasta la cintura y resulta más pesado de lo previsto. Algunos pasos están muy inclinados y nos agrupamos todos para asegurar la trazada. Atravesamos el canchal de Tincrarim y giramos dirección S. Al poco el grosor de la nieve disminuye y nos quitamos los crampones. Ceja la nevada y se aclara algo el cielo.




Tranquilidad y risas acompañan el grupo estos últimos tramos. Al pasar un recodo, de pronto entre las nube se abre un claro y vemos la inmensa pared del Toubkal. Nos




quedamos boquiabiertos por la grandiosidad de sus empinadas lomas. Entre muchas nubes




resulta muy difícil ver su altura. El cielo se vuelve a cubrir cuando estamos ya cerca del refugio. La nevada vuelve a reactivarse mientras salvamos el último tramo. Finalmente alcanzamos el refugio de Mouflons (3.200 m). Estamos bastante cansados, comentamos la dureza del trayecto, que con unas condiciones tan extremas se nos hizo más largo y más duro de lo previsto, pero todos llegamos perfectamente.



Mouflons es una enorme construcción de amplias salas que da una sensación de frialdad. No han encendido aún la luz; la conectan unas pocas horas para ahorrar energía, que aquí sólo se consigue a base de generadores. Nos asignan una habitación grande con literas donde nos podemos acomodar todo el grupo y nos instalamos con orden. Algunos bajan a un salón donde hay una chimenea encendida para tomar té mientras otros prefieren asearse y ordenar sus cosas. Después una ducha nos acabará de equilibrar el cuerpo. Entretanto en el exterior la nevada continua...



En el cálido salón nos reunimos todos alrededor de la chimenea que chispea ofreciéndonos un intenso calor. Nos acomodamos en sus largas mesas junto a otros grupos que van a pernoctar también. Realmente no hay tanta gente como esperábamos, tal vez las malas previsiones haya echado atrás a mucha gente. El caso es que la velada transcurre con el


 
clicar sobre esta imagen para verla ampliada


ambiente distendido y ameno. Contamos historias, nos reímos con las anécdotas y así pasamos el tiempo. Como de la nada ha aparecido una botella de vino que no dura mucho. Entre bromas y risas llega la hora de retirarnos a descansar. Mañana nos levantaremos a las 4:00. Es el gran día que todos esperábamos y queremos estar lo mejor posible.




 
clicar sobre esta imagen para verla ampliada

Continuará...


Texto y Fotografías: Arielle & Enric